Aceites esenciales y seguridad: embarazo, niños y mascotas

Esta es la página que menos vende y la que más falta hace. Los aceites esenciales son productos concentrados, y hay tres situaciones en las que conviene saber lo que se hace: el embarazo, los niños y los animales de casa.

Antes de nada, lo importante: aquí no damos consejo médico ni veterinario, porque no nos corresponde. Lo que encontrarás es información general y de sentido común, y la recomendación, en los tres casos, de consultar con un profesional antes de usar nada.

Por qué hay que tener cuidado

Un aceite esencial es la planta concentrada muchas veces. Para llenar un frasco de 10 ml de lavanda hace falta cerca de un kilo de flor. Eso significa que unas pocas gotas no equivalen a «un poco de planta»: equivalen a mucha planta.

Esa concentración es lo que los hace interesantes y también lo que obliga a manejarlos con criterio, igual que cualquier producto concentrado de la casa.

Embarazo y lactancia

La recomendación general de las asociaciones profesionales de aromaterapia es sencilla y conviene seguirla: consultar con la matrona, el ginecólogo o el médico antes de usar aceites esenciales durante el embarazo o la lactancia. No por alarmismo, sino porque cada embarazo es distinto y esa valoración no la puede hacer una página web.

Como criterio general, lo que suele recomendarse:

  • Evitar el uso sobre la piel durante el primer trimestre, aunque sea diluido.
  • La difusión ambiental es la forma más prudente, en sesiones cortas, con la habitación ventilada y con aromas suaves.
  • Bajar las diluciones a la mitad de lo habitual si se usan en la piel a partir del segundo trimestre y con visto bueno profesional.
  • Dejar de lado los aceites más intensos: orégano, tomillo rojo, canela, clavo, salvia, hisopo, alcanfor, gaulteria, hinojo y anís, entre otros.
  • Hacer caso al propio olfato. En el embarazo el olfato cambia y se vuelve mucho más sensible. Si un aroma resulta desagradable, se apaga el difusor y ya está.

Y una cosa que se olvida: en la lactancia, conviene no aplicar aceites esenciales en el pecho ni en las manos justo antes de coger al bebé.

Niños

Los niños no son adultos pequeños: tienen la piel más fina, más superficie corporal en proporción a su peso y un metabolismo distinto. Por eso las cantidades no se escalan a ojo.

  • Menores de 3 meses: no se usan aceites esenciales, ni en piel ni en difusión, salvo indicación profesional.
  • De 3 meses a 3 años: solo difusión, en sesiones muy cortas, con el difusor lejos de la cuna y nunca en una habitación cerrada con el niño dentro mucho rato.
  • De 3 a 6 años: difusión con normalidad y, en piel, diluciones muy bajas (0,5 % o menos) y con criterio profesional.
  • A partir de 6 años: se pueden usar diluciones bajas, en torno al 1 %.

Dos aceites que conviene apartar con niños pequeños: la menta piperita y los aceites muy ricos en mentol o alcanfor —menta de campo, alcanfor blanco, eucalipto globulus, gaulteria—, porque son muy intensos en vías respiratorias pequeñas. Para un ambiente infantil, la lavanda, la mandarina y la naranja dulce son mucho mejores opciones.

Y lo más importante de todo, que no es químico sino doméstico: los frascos se guardan fuera del alcance de los niños. Un frasco de 10 ml tiene doscientas gotas y un niño no distingue un aceite esencial de un jarabe.

Perros y gatos

Aquí conviene ser especialmente claro, porque es donde más desinformación circula.

Gatos

Los gatos son el caso más delicado de todos. Su hígado no procesa ciertos compuestos igual que el nuestro, y eso hace que sustancias que a nosotros no nos afectan se les acumulen. Por eso:

  • No apliques aceites esenciales sobre un gato. Nunca, ni diluidos, salvo que lo indique un veterinario.
  • Cuidado con la difusión. Si difundes en casa, hazlo en una habitación de la que el gato pueda salir libremente, durante poco rato y con ventilación.
  • Los aceites ricos en fenoles y en d-limoneno —cítricos, orégano, tomillo, canela, clavo, árbol de té, pino, eucalipto, menta— son los que más precaución exigen.
  • El árbol de té merece mención aparte: es el que más incidentes veterinarios acumula en gatos.

Perros

Los perros toleran algo mejor que los gatos, pero su olfato es entre diez mil y cien mil veces más sensible que el nuestro. Un aroma que a ti te parece agradable a ellos puede resultarles abrumador.

  • Difunde en espacios de los que el perro pueda salir.
  • No apliques aceites esenciales sobre el animal sin indicación veterinaria.
  • Guarda los frascos donde no los alcance.

La regla de oro, para los dos: si el animal se va de la habitación cuando enciendes el difusor, te está diciendo algo. Hazle caso.

Precauciones generales, para cualquiera

  • No se ingieren. Ni una gota en un vaso de agua, ni en la comida.
  • No se aplican puros sobre la piel. Ni la lavanda, ni el árbol de té, por mucho que se lea por ahí.
  • Prueba primero en el antebrazo cuando estrenes un aceite, y espera un par de horas.
  • Ojo con los cítricos y el sol. El limón, la lima, la bergamota sin tratar, el pomelo y la naranja amarga son fotosensibilizantes: aplicados en la piel y expuestos al sol pueden producir manchas. La bergamota FCF es la excepción, porque se le ha retirado el componente responsable.
  • Los intensos, con más respeto: orégano, tomillo rojo, canela, clavo, gaulteria y alcanfor. Muy diluidos y en poca cantidad.
  • Si cae en los ojos: no laves con agua, porque el aceite no se disuelve. Limpia con un aceite vegetal —girasol, almendras, el que tengas en la cocina— y acude al médico si la molestia sigue.
  • Si tomas medicación o tienes alguna patología, consulta antes con tu médico.

Por qué te contamos esto si vendemos aceites esenciales

Porque un cliente que sabe usarlos repite, y uno que se lleva un susto no vuelve. Y porque una tienda que solo cuenta lo bonito no es una tienda especialista, es un escaparate.

Si tienes dudas sobre un aceite concreto, escríbenos. Y para cualquier cuestión de salud, tu médico; para cualquier cuestión de tu animal, tu veterinario.

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