La aromaterapia es el uso de los aceites esenciales de las plantas para perfumar el aire y el cuerpo. Ni más, ni menos. Alrededor de esa idea tan sencilla se ha construido una montaña de información confusa, así que en esta página vamos a explicar lo que es, lo que hace falta para empezar y, sobre todo, lo que nadie te cuenta.
Si has llegado aquí buscando por dónde empezar, con leer los primeros cinco minutos tienes suficiente para no comprar nada equivocado.
Qué es la aromaterapia
Cuando destilas una planta aromática con vapor de agua, obtienes dos cosas: un agua aromática, que se llama hidrolato, y una capa de aceite que flota encima, concentradísima. Ese aceite es el aceite esencial. Es la parte olorosa de la planta, separada del resto.
La palabra «aromaterapia» la acuñó en los años veinte del siglo pasado el químico francés René-Maurice Gattefossé, que trabajaba en perfumería. De ahí viene el término, y de ahí viene también que el vocabulario de este mundo esté lleno de palabras francesas.
Conviene decir una cosa desde el principio, porque nosotros vendemos estos productos y preferimos que sepas a qué atenerte: un aceite esencial es un producto cosmético y de ambientación, no un medicamento. Sirve para que tu casa huela bien, para preparar tus propias mezclas y para disfrutar del olor. Para cualquier problema de salud, el sitio es la consulta del médico.
Aceite esencial y fragancia no son lo mismo
Esta es la confusión más cara del sector, y merece la pena entenderla antes de gastar un euro.
- Un aceite esencial sale de destilar o prensar una planta. Huele complejo, cambia con el tiempo en el aire y cada cosecha huele un poco distinta.
- Una fragancia o esencia aromática se compone en un laboratorio. Huele siempre igual, es más barata, dura más y puede reproducir olores que no existen en la naturaleza, como «brisa marina» o «ropa limpia».
Ninguna de las dos es mala: son cosas distintas para usos distintos. Si vas a perfumar un ambientador de coche, la fragancia cumple perfectamente y cuesta menos. Si vas a preparar una mezcla cosmética o quieres el olor real de la planta, necesitas aceite esencial.
La regla para no equivocarte: un aceite esencial siempre lleva en la etiqueta el nombre botánico en latín. Si en el bote pone «esencia de brisa del bosque» y no hay ningún nombre en latín, eso no es un aceite esencial.
Las tres formas de usarlos
1. En el aire
Es la forma más fácil y la más habitual. Un difusor eléctrico, que nebuliza agua con unas gotas, o un quemador de cerámica con una vela de té debajo. De tres a seis gotas según el tamaño de la habitación. Con la puerta cerrada, que si no el aroma se va por el pasillo.
2. Sobre la piel, siempre diluido
Un aceite esencial nunca se aplica puro. Se rebaja en un aceite vegetal: almendras dulces, jojoba, albaricoque, el que prefieras. La proporción habitual es del 2 al 3 % en el cuerpo de un adulto, lo que equivale a unas doce o dieciocho gotas por cada 30 ml de aceite vegetal. En la cara, la mitad.
3. En el agua del baño
Y aquí va el error más repetido de todos: el aceite esencial no se disuelve en agua. Si lo echas directamente a la bañera, se queda flotando en gotas y esas gotas se pegan a la piel sin rebajar, que es justo lo que no queremos. Mézclalo antes en una cucharada de aceite vegetal, en un puñado de sal o en un poco de leche, y entonces sí al agua.
La pirámide: por qué unos aceites se van antes que otros
Si has olido alguna vez un perfume y te has dado cuenta de que a los diez minutos no huele igual que al principio, ya conoces la pirámide olfativa sin saberlo. Los aromas se clasifican en tres alturas:
- Notas de salida. Las primeras que se perciben y las primeras que desaparecen. Los cítricos, la menta, el eucalipto.
- Notas de corazón. Aparecen después y sostienen la mezcla. La lavanda, el geranio, la manzanilla.
- Notas de fondo. Tardan en salir y son las que quedan horas después. El sándalo, el pachulí, el vetiver, el incienso.
Una mezcla que solo lleva notas de salida huele estupendamente durante diez minutos y luego no huele a nada. Una que solo lleva fondo resulta pesada desde el primer momento. La regla sencilla: tres gotas de salida, dos de corazón y una de fondo. Con eso ya tienes una mezcla que se sostiene.
Los cinco aceites con los que empezar
Si estás empezando, no compres veinte frascos. Compra estos cinco y aprende a usarlos:
- Lavanda. El más versátil y el que más perdona. Si te pasas de gotas, no arruina nada.
- Naranja dulce. El más barato y el que gusta a todo el mundo, niños incluidos.
- Eucalipto o menta. Para el invierno y para despejar una habitación cargada.
- Árbol de té. El clásico australiano, con un olor que se reconoce a un metro.
- Un fondo: cedro, incienso o pachulí. El que te fije las mezclas.
Y un aceite vegetal para diluir. Con eso tienes un botiquín aromático completo por muy poco dinero.
Lo que necesitas además de los aceites
- Un difusor eléctrico o un quemador de cerámica. El difusor es más cómodo y no lleva llama; el quemador es más barato y más bonito.
- Un aceite vegetal para diluir. Almendras dulces si quieres uno que valga para todo, jojoba si quieres el que mejor se conserva.
- Frascos de cristal topacio vacíos si vas a preparar tus propias mezclas.
Los cinco errores que comete todo el mundo al empezar
- Echar el aceite directamente al agua del baño. Ya lo hemos dicho arriba, pero es el más común de todos.
- Aplicarlo puro sobre la piel. Aunque sea lavanda, aunque lo haya dicho alguien en internet.
- Pasarse de gotas en el difusor. Más gotas no huele mejor: satura el olfato y a los veinte minutos ya no lo percibes.
- Guardar los frascos en el baño. Es el sitio más caliente y más húmedo de la casa, o sea el peor.
- Comprar veinte aceites de golpe. La mitad se van a poner rancios antes de que los abras por segunda vez.
Seguridad, en cuatro líneas
No se ingieren. No se aplican puros. Se guardan fuera del alcance de los niños. Y en caso de embarazo, lactancia, uso en niños, personas con patologías o animales, se consulta antes con un profesional sanitario o con el veterinario. En los gatos especialmente: no metabolizan los aceites esenciales como nosotros.
Por dónde seguir
- Cómo usar los aceites esenciales: dilución, difusor y baño
- Seguridad: embarazo, niños y mascotas
- Nuestros aceites esenciales de 10 ml
- Aceites vegetales para diluir
- Difusores y quemadores
Mezclas para copiar, con las gotas contadas
Mezclar tiene una sola regla y cabe en una línea: 3 partes de nota de salida, 2 de corazón y 1 de fondo. Las de salida son los cítricos y las mentas, las de corazón las flores y las hierbas, y las de fondo las maderas y las resinas. Con algo de cada una, la mezcla funciona.
En gotas: 6 gotas para un quemador (3 + 2 + 1), 12 para un salón (6 + 4 + 2) y 18 para 100 ml de mikado o 50 ml de aceite de masaje (9 + 6 + 3). Se echa primero el fondo y por último la salida.
Tres para empezar hoy mismo, con aceites que tenemos:
- Para la casa en invierno: naranja dulce 3, canela 2, incienso diluido 1 gotas.
- Para el dormitorio: mandarina 3, lavanda de Francia 2, sándalo amyris 1 gotas.
- Para la mesa de trabajo por la mañana: limón 3, romero 2, cedro de Virginia 1 gotas.
Hay siete más, la tabla de los 80 aceites con su nota y su familia, y qué combina con qué, en la guía de cómo mezclar aceites esenciales. Ahí está todo con las cantidades exactas y cómo probar una mezcla antes de hacerla entera.
